El Mundial de Resistencia aterrizó por primera vez en España como prueba puntuable y el Circuit de Barcelona-Catalunya respondió con las gradas llenas. Toyota se llevó la victoria y el título de constructores, pero la historia que más calentó a la gente de casa fue la de los tres pilotos catalanes de la categoría Hypercar: Miguel Molina, Dani Juncadella y Álex Riberas. Cada uno vivió una carrera muy distinta.

Miguel Molina: un podio «de los más bonitos de su carrera»

Miguel Molina compartía el Ferrari #50 con Antonio Fuoco y Nicklas Nielsen y fue el encargado de tomar la salida, con lluvia y muy poca visibilidad. Arrancó desde la octava plaza y, con una primera frenada conservadora —reconoció que apenas veía nada—, terminó la vuelta inicial cuarto. Cuando cedió el coche, el #50 ya era tercero, una posición que el trío supo defender hasta la bandera a cuadros, a unos 40 segundos de los Toyota.

La estrategia fue clave: el equipo apostó por un reglaje de seco y el coche fue a más a medida que la pista se secaba. En el tramo final, el undercut del Alpine #36 de Victor Martins les obligó a reaccionar y adelantar la última parada, una jugada arriesgada que salió bien. Miguel Molina fue muy claro sobre el potencial real: el resultado era el máximo posible, porque los Toyota estaban «en otra liga», entre ocho décimas y un segundo por vuelta más rápidos.

El piloto catalán no ocultó la emoción. Dijo que es uno de los podios más bonitos de su carrera, por el vínculo histórico con un circuito que lo vio crecer, y prometió «apretar al máximo» para que la prueba vuelva a Montmeló. Ahora se juega terminar entre los tres primeros del campeonato de pilotos en Monza, para mantener la racha que lleva desde 2023 sin bajar del podio final del Mundial.

Dani Juncadella: del primer puesto al fondo en una vuelta

Para Dani Juncadella, el domingo fue el contrapunto cruel. El Genesis #19, que comparte con Mathieu Jaminet y Paul-Loup Chatin, salía tercero después de que la marca lograra su primera pole en el WEC con el coche número 17. Con una buena arrancada, Dani Juncadella superó a Sébastien Buemi y a su compañero André Lotterer en la primera frenada y pasó a liderar la carrera.

Poco después, en la curva 5, se salió de pista y el coche entró en un modo de seguridad que no le dejaba reanudar la marcha: de primero a último en cuestión de minutos. Más adelante, el Genesis sufrió problemas técnicos y tuvo que ser reiniciado un par de veces. Terminó undécimo, a una vuelta y a las puertas de los puntos. Dani Juncadella lamentó el error, pero miró hacia delante: el ritmo era bueno, sobre todo con lluvia, y el sábado se había confirmado su renovación con Genesis. Para él, este es un año de aprendizaje con un equipo joven.

Álex Riberas: sumar puntos en una carrera complicada

Álex Riberas terminó noveno con el Aston Martin #009, que comparte con Marco Sørensen, y sumó puntos por tercera vez esta temporada. La carrera empezó con poca visibilidad y un toque entre el Alpine de Ferdinand Habsburg y el Cadillac de Will Stevens justo delante de él que le costó posiciones. Con un coche que no terminaba de funcionar bien con lluvia, decidió ser paciente y esperar a que la pista se secara, como así fue.

Entonces remontó y se acercó al grupo del top 5, pero no pudo consolidar la posición frente a Alpine y Cadillac. Tuvo un momento grande: adelantar a los Ferrari en la última curva, bajando a cuarta para salir más rápido en medio del tráfico. Álex Riberas valoró el trabajo del equipo y dijo que volver a correr en un circuito así sería «un sueño».

Por qué importa más allá del resultado

Según recogen los medios, 55.511 espectadores llenaron el Circuit durante el fin de semana. Fue la primera prueba del WEC en España y, según Revista Scratch, la primera carrera mundial con prototipos deportivos en el país desde el WSC en Jarama en 1989. La cita se montó en pocos meses, gracias al esfuerzo del RACC, después de que se cancelara la prueba prevista en Catar por motivos de seguridad.

Con tres catalanes en la categoría reina de la resistencia y un podio en casa, el éxito de afluencia y de imagen es el mejor argumento para que el Mundial vuelva. De momento es una aspiración y no una confirmación, pero Miguel Molina, el circuito y buena parte de la afición están trabajando en ello. El WEC cierra la temporada en Monza el 8 de noviembre, donde los Toyota #8 y #7 se jugarán el título de pilotos.