Hoy hace 32 años nos dejó uno de los pilotos  que posiblemente podría haber sido uno de los más grandes de automovilismo. Un piloto de esa fantástica época de los Grupo C, de cuando el mundial de resistencia volaba por el infierno verde y de cuando la Fórmula 1 estaba dominada por motores turbo de más de mil caballos. Hablamos de Stefan Bellof, un piloto desconocido para la mayoría, pero que posiblemente fuera uno de los más talentosos que ha visto la categoría reina del automovilismo y el mundial de resistencia.

Su trayectoria estuvo dividida en dos partes: una en monoplazas y otra en Sportscars, siendo en esta última principalmente piloto de Porsche. Después del Karting, Bellof dio el salto a los monoplazas donde ganó la Fórmula Ford 1600 alemana en 1980. Una tercera posición en Fórmula 3 y una cuarta en la Fórmula 2 le dieron la oportunidad de probar para McLaren junto a Martin Brundle y Ayrton Senna a finales de 1983. El piloto brasileño fue el primero en rodar, y acabó rompiendo el motor de ese año. Cuando el coche llegó a las manos de Bellof, los ingenieros de Woking habían montado un motor del año anterior. El alemán fue muy regular, igualando los tiempos de Senna con un coche técnicamente inferior, hasta que rompió la caja de cambios.

Senna firmó contrato con Toleman, mientras que Bellof acabó en una hundida Tyrell para 1984, con motores atmosféricos, que perdían unos 150 caballos frente a los potentes motores turbo de los equipos punteros. Por si fuera poco, los dos Tyrell fueron descalificados del campeonato en Detroit por no cumplir la normativa. Antes de eso, Bellof demostró su talento en varias ocasiones, puntuando en Zolder e Imola. Aunque sin duda su actuación estrella fue durante el Gran Premio de Monaco. Hablar de Monaco 1984 es hablar de la fantástica actuación de Senna, recortándole bajo la lluvia a Prost, antes de que se suspendiera la carrera por las condiciones de la pista.

Pero había alguien detrás de ellos, un piloto que, saliendo desde la última posición, había adelantado a toda la parrilla y venía más fuerte que nadie. Se dice que si se hubiese parado la carrera cinco vueltas más tarde, Senna hubiese ganado la carrera. Pero si hubieran sido siete el ganador habría sido Bellof. Después de esto su corta carrera en Fórmula 1 no fue mucho más brillante. Antes de su muerte el 1 de septiembre de 1985, Bellof consiguió puntuar en dos ocasiones más: sexto en Portugal 85 y cuarto en Detroit 85. Su talento no había pasado desapercibido en Ferrari, y pese a tener contrato firmado para la temporada 1986, Bellof jamás pudo correr para la Scuderia.

Ahora vamos a pasar a hablar sobre su trayectoria en las carreras de resistencia, donde realmente destacó y dejó huella.

En 1982 debutó en SportsCars con el equipo Kremer, disputando una carrera del mundial de resistencia. Sus buenos resultados en unos test, le permitieron correr toda la temporada 1983 con el equipo oficial Porsche, a los mandos de aquel mítico 956 con los colores de Rothmans. Bellof se hizo rápidamente al coche, y su talento por fin salió a relucir. Consiguió un total de tres victorias en el mundial de resistencia, en Silverstone, Fuji y Kyalami, para acabar en cuarta posición del campeonato. Tuvo mala suerte en su única participación en las 24 horas de Le Mans, teniendo que abandonar pasado el ecuador de la prueba. En julio de ese mismo año, se proclamó vencedor del Norisring Trophy, prueba que se disputaba en solitario, con un solo piloto por coche. Bellof le metió casi un segundo en clasificación a Jochen Mass, en un circuito de poco más de dos kilómetros (el mismo que utiliza ahora el DTM). En carrera no tuvo rival, y se acabó imponiendo por casi cinco segundos con la vuelta rápida bajo el brazo.

Lo más destacado de ese año, y es por lo que posiblemente Stefan Bellof sea recordado toda la eternidad, fue por lo sucedido el fin de semana del 29 de mayo de 1983. El mundial de resistencia disputó su última carrera en el viejo Nürburgring, con 11 Grupo C entre sus participantes. Bellof sacó su fantástico talento natural, su agresividad y su capacidad de llevar el 956 al límite. El alemán hizo magia. Consiguió un tiempo de 6:11.13, sacándole más de cinco segundos a Jochen Mass, que admitió que la vuelta de Stefan era de otro planeta. A día de hoy, ese tiempo continúa siendo el más rápido jamás hecho en el infierno verde.

Esa vuelta de clasificación fue sencillamente espectacular. El tercer clasificado acabó a 16 segundos, mientras que el cuarto se quedó a más de 20. El primer no-Porsche, el Lancia de Patrese y Alboreto, acabó a medio minuto del alemán. Todo apuntaba que Bellof se haría con la victoria, pero, pese a que desde Porsche le dijeron que no arriesgara, el lo hizo, consiguiendo una vuelta rápida de 6:25.91, que es el récord oficial del circuito, su carrera acabó contra las protecciones de la sección Pflanzgarten III.

Mientras estaba luchando por conseguir clasificarse en cada carrera con su Tyrell en Fórmula 1, Bellof tenía como desahogo su 956 en 1984. Se proclamó campeón del mundo de resistencia, corriendo para el equipo Rothmans y para Brun, por delante de Mass y Jacky Ickx. De las nueve carreras que disputó, se proclamó vencedor en seis, con cinco poles y tres vueltas rápidas. En el DRM las cosas no cambiaron, y Stefan ganó el campeonato con tres victorias en cinco carreras.

El fatídico 1985 no empezó como se esperaba. Bellof fue bajado del equipo Rothmans por su conducta, y su programa estaba plenamente centrado en el equipo Brun. Consiguió un podio con el nuevo 962, la evolución del 956, en la carrera de Mugello. La única carrera que disputó del DRM ese año también la ganó, saliendo desde la pole. Pero para la carrera de Spa, el alemán tuvo que volver al 956 junto a Thierry Boutsen. Clasificó en tercera posición, pero en carrera volvió a exprimir el máximo a su coche, para disputarse el liderato con Jacky Ickx.

Stefan intentó superar al piloto belga por el interior en Eau Rouge, pero ese Ickx no le vio venir, y ambos colisionaron. El coche de Bellof impactó fuertemente contra las protecciones, prendiéndose fuego. La deceleración fue tan brutal que posiblemente murió en el acto. Stefan no quería correr esa carrera. Su coche se rompió de camino al circuito, y la poca seguridad del 956 se había visto en la muerte de Manfred Winkelhock, unos días antes en el circuito de Mosport.

Stefan podría haber sido uno de los más grandes de la historia, pero su falta de resultados en la Fórmula 1 eclipsan su corta carrera en resistencia. Jackie Stewart dijo una vez: “Es el piloto más talentoso que jamás he conocido”. Pero como todo piloto, tenía sus defectos. Era rápido, agresivo, pero no era capaz de no ir al límite. Cada vez que se subía a un coche de carreras era para exprimirlo al máximo. Era capaz de llevar al límite un coche inferior al del resto. Estas palabras pueden recordar a las declaraciones que se hacían sobre Ayrton Senna en sus primeros años en Fórmula 1. Y es que Bellof estaba destinado a ser uno de los grandes. Quien sabe los duelos que podría haber protagonizado con el brasileño si en 1986 hubiera corrido para Ferrari.

Aunque ambos pilotos llegaron a correr una carrera del mundial de resistencia juntos. Senna fue invitado a correr los 1000 Kilómetros de Nürburgring de 1984 con el equipo Joest, ya en el circuito GP. El coche de Senna tuvo problemas, aunque en clasificación Bellof hizo la pole, con más de tres segundos de ventaja sobre el vehículo del brasileño. El alemán hubiera sido inalcanzable por Senna aun sin problemas en el embrague, pero su ritmo durante las prácticas hacen pensar que si que hubiera peleado por el podio.

El propio Michael Schumacher declaró una vez: “Si Stefan no hubiera muerto en ese accidente, mi carrera en la Fórmula 1 podría no haber existido. Todo en el Motorsport hubiera sido sobre Bellof, estaba destinado a ser campeón del mundo y una superestrella“. La vida es injusta, y aquel 1 de septiembre de 1985 el mundo del motor perdió a uno de sus mayores talentos. Stefan conducía al límite, y nos dejó peleando por lo que más ansiaba: una victoria. Su vuelta de clasificación en Nürburgring es la mejor muestra de su capacidad. Un circuito que asustaría a cualquier humano, por algo se le llama el infierno verde, pero ese día Bellof se convirtió en diablo para conseguir una vuelta mágica, que perdurará para siempre.

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