El bicampeón del Dakar llegó este pasado lunes a Madrid, donde fue recibido por una gran multitud de fans. Entre ellos destacó uno, su hijo Carlos Sainz Jr, con quien se fundió en un gran abrazo. El resto de su familia y el personal de su pista de karting también acudieron a la cita.


Con 55 años y después de convertirse en el piloto más veterano en ganar el Rally Dakar, Carlos Sainz aterrizaba ayer en el aeropuerto de Madrid. Allí recibió una calurosa bienvenida. Después de 14 duras etapas y de reconocer que ha sido “uno de los Dakars más complicados que ha vivido”, el Matador llegaba a casa.

Al grito de “Campeones, campeones”, Sainz agradecía todo el apoyo recibido: “No me esperaba este recibimiento, lo agradezco mucho. Me siento contento, abrumado, no me esperaba esto ni muchísimo menos. Demuestra el cariño de la gente y lo único que puedo hacer es dar las gracias a todos”, comentaba el campeón del Dakar.

Llegaba y no de vacío precisamente, sino como bicampeón del Dakar. Ocho años después de su primera victoria en la competición, Carlos repetía en lo más alto del podio. Cuando se bajó del coche al terminar la última etapa no podía contener la emoción: “Estoy muy contento. Es una recompensa merecida. Además, coincide que aquí gané mi último rally del Mundial, por estos mismos caminos en 2004. Y otra vez Córdoba y Argentina me dan una gran alegría”, decía el piloto de Peugeot.

No sólo se consideraba ganador él, sino que se deshacía en elogios cuando hablaba de su compañero de ruta, Lucas Cruz: “En el primer tramo le dije a Lucas: ‘Hay que ganar como sea’, Quiero agradecerle su trabajo, su paciencia y su buen hacer”, comentaba Carlos quien se acordaba tanto de los abandonos de las ediciones pasadas, cinco consecutivos, y de los malos tramos vividos este año: “He conocido abandonos en estos últimos años, pero siempre me he esforzado al máximo. Los peores momentos fueron el segundo día cuando Lucas vomitó seis o siete veces dentro del coche. Pinchamos dos veces y perdimos bastantes minutos, fue una jornada muy complicada. Unido al día de la caja de cambios fueron momentos difíciles”, declaraba Sainz.

Preguntado por si se podían comparar estos dos Dakars con sus dos mundiales de Rallyes, Sainz evitaba comparaciones: “Yo los separaría totalmente. Son dos etapas diferentes de mi vida. Entre los dos Dakar sí es más especial por el momento. Era la última oportunidad con Peugeot y por eso me ha hecho más ilusión que la primera, decía Carlos.

Uno de los secretos del piloto madrileño ha sido su preparación física para la presente edición. Carlos se ha entrenado para soportar las altitudes vividas (más de 3.500 metros en algunos casos) con entrenamientos con máscaras que reproducían la sensación de no tener oxígeno. Con 55 años, ha sido un plus que le ha conducido hacia la victoria final. Con la marcha de Peugeot, también queda en el aire el futuro del piloto. Por el momento, esquiva el tema: “Ahora voy a disfrutar de esta victoria y luego ya habrá tiempo de ver qué hago en el futuro. Peugeot se retira y veré qué hago con la familia, si decido seguir, me plantearé que me gustaría, en qué condiciones…”, finalizaba el piloto español.